EL SUELO POR ASALTO

Blog de historia y geopolítica

Crónica de una represión anunciada: el sector metalmecánico en Argentina (1955-1983)

Para quienes no crecimos ambientados por el celeste cielo de Argentina, recorrer las rutas del país es siempre una experiencia deslumbrante. La ingeniería vial sorprende por la evidente intención comunicacional de su trazado: interconectar los centros productivos del sur del continente. No obstante, al conocer la historia de los procesos de industrialización queda claro que el desarrollo vial es entendible sólo a la luz del impulso técnico y tecnológico de los medios de producción. Todo desarrollo técnico se presenta como la punta del iceberg bajo la cual se despliega un entramado de relaciones de poder que luchan descarnadamente por extraer los mayores réditos de los adelantos productivos. Los intereses de los sectores industriales, aunados con los potentados políticos en reacomodo constante según el momento histórico, terminan por fundirse en tramos corporativos cuya aspiración hegemónica, sin embargo, tiende a tropezar con las bases productivas sobre las que se cimenta su dominación. Un ejemplo es la construcción de los ferrocarriles a fines del siglo XIX y la empresa de aniquilación a las comunidades originarias, o sin ir más lejos, la introducción de la industria automotriz a principios del siglo pasado y los primeros movimientos obreros nucleados en la ciudad de Buenos Aires.

La búsqueda del control sobre el proceso de producción inherente a la reproducción del capital, entraña una lucha histórica entre éste y los sujetos que emplean su fuerza de trabajo en la construcción de un edificio social más amplio al que llamamos Nación. En esta lucha el capital adelanta una serie de estrategias y mecanismos de coacción en mancomunión con las clases detentoras del poder político.

Porque ése cielo azul que todos vemos, no es cielo, ni es azul. Es el reflejo de las luchas de la ciudad; para el caso, interesa analizar el avance gremial en las fábricas metal-mecánicas del conurbano de Buenos Aires, pues vislumbra el desarrollo de la tensión obrero-sindical y los aparatos represivos vinculados al modelo de acumulación que venía gestándose mucho antes del golpe del 76. Siguiendo esta línea, el escrito se va a centrar en el estudio de la transformación de las estrategias y mecanismos de coacción empleados por los sectores empresariales y el reacomodo del capital conjurado con la represión, específicamente de Mercedes-Benz y la Ford Motors Argentina durante la última dictadura, dando cuenta de las condiciones históricas que definen este oscuro capítulo de la historia nacional, no dentro de los límites temporales fácticos que van del golpe genocida del 24 de marzo de 1976 a la presidencia de Alfonsín, sino atendiendo al examen de la configuración de los espacios laborales y las organizaciones sindicales.

El contexto histórico impele a tener presentes los episodios más álgidos que hacen de la experiencia obrera una tradición de resistencia en sí, y su contra-relato en las reacciones violentas del empresariado que mucho antes de 1976 ya había delineado una táctica de represión para concretar el control sobre el proceso de trabajo al interior de las fábricas, como veremos, desde 1954, pasando por la Revolución Libertadora. Finalmente, su nexo con la Triple A y la dictadura signarían el último acapice en el acopio de la primacía de los intereses de los agentes económicos sobre los sociales, buscado y pregonado por las respuestas más reaccionarias siempre presentes al lado de la bayoneta.

El centro de la discusión tiene que ver con el conflicto estructural entre el capital y el trabajo, cuyas modalidades tienden a expresarse en las etapas de acumulación mediante diferentes dinámicas de la explotación laboral imponiendo un “orden de la producción” y produciendo un “orden social”, así también como en las tácticas de resistencia y organización colectiva de los trabajadores.

En la constitución y organización del movimiento obrero entra la disputa del poder con diferentes expresiones patronales y estatales como hacia su interior entre las dirigencias burocratizadas y las bases más tendientes a buscar autonomía de participación y acción en las estructuras o ramas diferentes que lo conforman, constituyéndose como un actor social y económico con peso propio y una gran capacidad de disposición política. Entiéndase que la contradicción interna del sindicalismo en Argentina es invariable, lo cual hace del movimiento obrero organizado un actor social ambivalente y complejo tanto al interior de las empresas, como en el área pública e institucional.

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En 1913 la Ford inauguró la primera planta industrial fuera de Detroit en el barrio La Boca.

El contexto histórico que quizá supere la construcción histórica del hecho concreto, esto es, de las medidas represivas del Proceso de Reorganización Nacional(1973-1983) al interior de las factorías de automotores y las respuestas de los operarios dentro y fuera de sus lugares de trabajo, tiene que ver con la necesidad de entender las rupturas, pero sobre todo, las continuidades en la construcción de la experiencia colectiva de rebeldía y confrontación del sector metal- mecánico que dotan de sentido la armazón histórica de una conciencia de clase.

Breve contexto histórico

La disputa por la autonomía obrera ha sido una constante en el desarrollo del movimiento sindical desde principios del siglo pasado. Esta disputa pone de manifiesto el desarrollo de las relaciones laborales, puesto que revela de forma concreta las conquistas y derrotas en el campo específico de actuación.

La crisis del 29 y el inicio del proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) transformaron la composición de la fuerza de trabajo emprendiendo una larga fase de inmigración interna, especialización y aumento de la masa laboral en los centros urbanos. Con la expansión del sector industrial emergieron los grandes sindicatos marítimos y ferroviarios que desplazaron –sin olvidar la represión de las armas- al anarquismo. El sindicalismo de los socialistas propugnó por una vía legalista que incluía las vías parlamentarias y la integración somera con los gobiernos conservadores. En ese clima surge en 1930 la Confederación General del Trabajo (CGT).En la primera parte del desarrollo industrial, que va del gobierno Roquista a la caída del radicalismo en la tercera década del siglo pasado, la arbitrariedad patronal que definía sin arbitrios las condiciones de trabajo y el salario fueron características del proceso de industrialización del momento. En Buenos Aires la industria metal-mecánica no tardó en afianzar su producción. La industria metalúrgica fue una de las primeras en organizarse y generar operaciones de presión y resistencia con la exigencia de aumento salarial y mejoramiento de las condiciones y ritmos de trabajo. El anarquismo (con la Federación Obrera Regional Argentina) y el socialismo formaron las nacientes organizaciones de obreros en los sectores artesanales y metalúrgicos que se desenvolvían a las afueras de las capitales más importantes del país. Las contradicciones de la época se reflejaron con violencia en las huelgas de los metalúrgicos en los talleres Vasena a finales de 1918. Tales jornadas terminarían con los sucesos de enero de 1919 conocidos como La Semana Trágica, a partir de la cual surgió Liga Patriótica Argentina que actuaba como brazo paramilitar de choque y club social de los sectores dominantes filo fascistas, y en 1921 con el fusilamiento de los trabajadores anarquistas de la Patagonia; un baño de sangre sobre la Patagonia Rebelde auspiciado por los propietarios británicos del granero del mundo, los estancieros de la Sociedad Rural, las Fuerzas Armadas y el presidente Yrigoyen.

El marco represivo que se abrió tras el golpe de estado que derrocó al presidente Yrigoyen no logró mermar el incremento de las huelgas. Se produjeron acciones directas, sabotajes y luchas callejeras en respuesta a las políticas pro-patronales del Departamento de Trabajo. En 1936 el movimiento obrero protagonizó una gran huelga general con más de 70000 obreros adherentes. La movilización y lucha contra la restauración conservadora permitió a la CGT afianzar su organización.

Con todo, la década infame se caracterizó por no dar ningún tipo de reconocimiento cívico, económico ni político a los sindicatos. Los obreros hasta el momento no intervinieron efectivamente en el ámbito público ni en el institucional.

La tensa relación entre los movimientos de base y la burocracia sindical: preludios de la represión

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En Septiembre de 1961, la Ford Motors lanza al mercado el célebre Falcon que durante tres décadas sería uno de los modelos más vendidos en la Argentina. Estos automóviles, a mediados de la década del ’70 y parte de los ’80, serían utilizados por las fuerzas represivas para llevar adelante sus operativos, convirtiéndolos en un símbolo de los secuestros y el terror de la época.

Con la llegada de Juan Domingo Perón a la Secretaría de Trabajo y Previsión se articularon normas protectoras para los obreros y por vez primera fueron incluidos los derechos de los trabajadores en la Constitución de 1949. Se amplió la negociación colectiva de trabajo, se estableció la negociación regular de los salarios y la mejora en la distribución del ingreso en favor de los obreros alcanzando casi el 50% del PIB. El proceso de asalarización de los trabajadores fue de la mano con el modelo de sindicalización que buscó la integración de la masa laboral a una comunidad política nacional por medio de los sindicatos dependientes del Estado, que mediante la Ley de Asociaciones Profesionales de 1945 controló el gastó e ingreso de los mismos y definió su personaría jurídica redundando en el monopolio representativo de la CGT. Los sindicatos entraron a cumplir la difícil tarea de representar los intereses de la clase trabajadora y también de los sectores populares. Este doble juego fue profundizando las diferencias entre la cúpula sindical y las bases.

El SMATA se fundó en la década del 40, y como todos los gremios de esa época se ajustó al modelo sindical que proponía el General Perón: el movimiento obrero obtenía ciertas concesiones, pero a costa de que sus organizaciones se burocratizaran. Los “dirigentes” se independizaban cada vez más de sus bases, al mismo tiempo que se subordinaban al partido peronista y al Estado[1]. Empero, se desarrolló una fuerte experiencia representativa alejada de la injerencia de los altos mandos gremiales frente a los lugares de trabajo a través de las Comisiones Internas y los cuerpos de delegados. Esta experiencia organizativa pone de manifiesto la doble presión a la que debía hacer frente las altas esferas del poder sindical. Por un lado la dependencia del Estado que le garantizaba legalidad, y por otro la dependencia de las bases que le garantizaban legitimidad[2].

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Foto: Presidente Ilia haciendo de pace car en su Falcon descapotable. En 1964 la Ford construyó el único Falcon Cabriolet para el presidente Ilia como gesto de gratitud ante la “pacificación” de los sindicatos.

El punto más álgido de esta tensión cristalizó después del Congreso de la Productividad en 1954, donde los empresarios delinearon cambios en la intensidad del trabajo y fijaron límites a los obreros en el proceso de producción. De inmediato se inició una jornada de huelgas que pese a no haber logrado el aumento salarial exigido, triunfó en tanto demostró la fuerza de las Comisiones Internas que frustraron las aspiraciones más importantes del empresariado de la rama metalúrgica, quienes a su vez, usaron a los burócratas para socavar los reclamos del movimiento.

Esta fecha nos indica de alguna forma dos preámbulos de los sucesos acaecidos tras el Pacto Social de 1973 a citar, sobre la protección de la rentabilidad empresarial: Gelbard, representante entonces de la Confederación General Empresaria (CGE) y posterior Ministro de Economía en el gobierno de Héctor Cámpora y la relación entre el SMATA y la Mercedes-Benz. Ya en el Congreso de la Productividad José Gelbard declaraba sobre la intromisión obrera en el proceso de producción a forma de presión “que tampoco es aceptable que por motivo alguno el delegado toque su silbato y la paralice”, postura que sostendrá en la firma del Pacto del 8 de junio de 1973 para pacificar el insurreccional trasegar del movimiento obrero, que tanto intranquilizaba al tercer peronismo como a los actores corporativos.

Sobre la temprana relación entre el SMATA y Mercedes-Benz anota Shiviani: “resulta de utilidad para apoyar esta última afirmación comparar el acuerdo metalúrgico con el que el 14 de mayo firmaron el Sindicato Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) y Mercedes-Benz Argentina (Convención Colectiva Nº 15/54). La zona de aplicación del mismo eran las plantas de montaje de General San Martín (Buenos Aires) y de Kilómetro 43,5 de Ruta 3. Publicado en la Revista de Trabajo y Previsión cumplía con gran parte de los puntos que la CGE venía reclamando acerca de productividad y organización dentro de la fábrica. El convenio comienza con la delimitación la actividad de las Comisiones Internas, esto aparece como un punto central dentro del escrito. Quedaba definido que sólo habría una comisión por planta formada por tres miembros titulares y tres suplentes la cual no podía fomentar ni gestionar mejora colectiva alguna por fuera de las autoridades del sindicato. Tampoco sus actividades podían constituir una perturbación en la marcha del establecimiento lo que incluía la prohibición del abandono del puesto de trabajo por los delegados para ocuparse de cuestiones gremiales ni la organización de actividades sin previo permiso al jefe de seccional. Estos puntos abrían las puertas a posibles sanciones debido a la vaguedad de la palabra perturbación lo que junto a las limitaciones de movilidad eran un claro freno a la organización sindical a nivel fabril”[3]. Tras el paro del 27 de junio de 1975 que hizo temblar al peronismo, conocido habitualmente como El Rodrigazo, en términos bastante similares la patronal y el sindicato firmaran otro convenio a puerta cerrada que signará los primeros indicios de cooperación con las herramientas represivas usadas a posteriori por la dictadura militar.

En 1955 se produce el golpe militar con el apoyo de la Iglesia Católica y los sectores reaccionarios. Tirando por la borda logros como los convenios colectivos, impusieron un programa de reajuste y limitaron el poder de movilización del actor sindical.

Con la presidencia de Frondizi la intervenida CGT será normalizada bajo la conducción de Augusto Vandor. Bajo la mira recelosa del capital norteamericano y las fuerzas armadasdebido a las entrevistas con los líderes de la Revolución Cubana, la vinculación de su hermano Silvio Frondizi con círculos marxistas, y el pacto electoral estipulado con Perón, Arturo Frondizi adelantó una serie de giras que desembocaron en el fortalecimiento de algunos sectores concentrados de la economía como el automotriz[4]. De hecho en 1961, tras reunirse con Henry Ford III en Detroit, la automotriz funda la planta en General Pacheco, cuyo campo de deporte servirá en tiempos de la dictadura militar como centro clandestino de desaparición forzada.

No cumpliendo la promesa de levantar la proscripción que pesaba sobre el peronismo, asediado por los mandos militares el presidente fue llevado y detenido en la Isla Martín García;  mientras el participacionismo, entre quienes se encontraba el SMATA con referentes como Dirk Henry Kloosterman, quien en 1968 hará parte de la dirección del gremio aliado a los intereses corporativos del onganiato, impelía a la negociación con el régimen, los sectores más combativos se afiliaban para fortalecer su quehacer de lucha distanciándose de la burocracia vandorista.

Entre 1963 y 1966 el movimiento sindical reactivó la movilización mediante los Planes de Lucha que dinamitaron la estabilidad del presidente Illia. No tardó en recrudecerse la persecución a los líderes sindicales que aprobaron el Plan, emprendiendo encarcelamientos, embargos y aceptando la desaparición de destacados metalúrgicos como fuera el caso de Felipe Vallese de la CGT.1

Tras el golpe militar encabezado por Onganía en 1966, las contradicciones al interior del movimiento sindical se recrudecieron gracias al plan de reajuste del Ministro de Economía Krieger Vasena ligado a las corporaciones, o Plan Vasena, donde se revocaban las medidas de nacionalización y control de capitales del gobierno de Illia. Para detener la inflación impuso una devaluación del 40%, el congelamiento del salario y la cancelación de las negociaciones colectivas como forma de disciplinamiento obrero. Fue el primer intento de restauración del orden conservador finiquitado con la crisis del 30, por lo que se le puede vincular con las intenciones posteriores del golpe militar del 1976.

Bajo ese enrarecido clima político[5], con varios gremios intervenidos, se bifurcó la CGT en la CGT de los Argentinos, combativa y renuente a los dictamines del régimen,  y la CGT de Azopardo, vinculada al vandorismo. Mientras tanto en Sitrac, Sitram, Fiat, Perkins, Ika-Renault, Peugeot, General Motors y Ford Motors, los trabajadores optaban por elegir a delegados vinculados al clasismo en las Comisiones Internas. En los espacios de trabajo se establecieron asambleas –que fortalecieron la torpedeada democracia sindical en aras de alcanzar una participación amplia por medio de la democracia directa de los operarios- que definían conflictos álgidos incluyendo tomas de establecimientos, rehenes y enfrentamientos abiertos con la policía. Se empezaron a entablar alianzas que excedían el espacio laboral con trabajadores de otros gremios, estudiantes  y organizaciones vecinales, lo que generaría condiciones de solidaridad para que luchas como El Villazo se fundieran en la cohesión de los sectores organizados más combativos, al interior y fuera de las fábricas.

Los altos niveles de unidad y organización de los trabajadores y demás sectore1s combativos de la sociedad pusieron en jaque al Onganiato en mayo de 1969, con el levantamiento popular conocido como El Cordobazo. Las jornadas de mayo del año 69 en Córdoba tuvieron un efecto multiplicador que abrió la puerta a una serie de movimientos insurreccionales como el Viborazo y el Rodrigazo; apuestos a los régimen de turno, cuestionaban la esencia misma de la explotación capitalista poniendo en entre dicho la legitimidad de la burocracia peronista.. Para reprimir el alzamiento se intervino la CGTA al igual que la CGT de Azopardo. El sindicalismo clasista cobró tal fuerza que llegó a ocupar la dirección del SMATA en Córdoba, además de liderar las Comisiones Internas y Cuerpos de Delegados en los sindicatos autónomos de Fiat Concord y Fiat Materfer (SITRAC-SITRAM). Dirigentes obreros como René Salamanca y Agustín Tosco adquirieron un gran protagonismo en la escena política nacional. A la par se incentivó el fortalecimiento de aparatos armados como el ERP, FAR y Montoneros.

A partir de este momento hay un recambio de fuerzas al interior del peronismo reaccionario que ve con suma intranquilidad cómo el movimiento obrero organizado se hace agua entre sus dedos.

Llegó la hora, llegó ya compañero… 

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El presidente Héctor Cámpora (con la banda presidencial, en el centro) marcha acompañado por su gabinete. Gelbard es el segundo a la izquierda. El primero es el ex policía José López Rega, líder de la Triple A. Archivo Clarín

A la luz de los acontecimientos posteriores, da la sensación de que el giro de la cúpula peronista ya había demarcado su accionar frente a las fuerzas transformadoras que no se suscribían a su órbita. En esta línea, Vandor en tiempos de Frondizi declaraba que “el que molesta en la fábrica, molesta al sindicato; y el que molesta al sindicato, molesta en la fábrica.” La premisa fue llevada a las banderas de los líderes sindicales de la SMATA como Kloosterman[6] y José Rodríguez, quienes en el año 68 asumieron un papel secundario pero de peso en la conducción nacional del gremio. Estos dos personajes participarían en la masacre de Ezeiza en 1973 en los siniestros episodios acaecidos en el añorado regreso del General Perón[7].

La creación de las Coordinadoras Interfabriles, en Capital Federal y en el conurbano bonaerense, permitió la confluencia de activistas, militantes y delegados sindicales que, rompiendo el cerco de las fábricas lograron construir instancias de organización y unidad en los barrios. La influencia de este tipo de organizaciones se vio sustentada en los acontecimientos de Villa Constitución en 1974, El Villazo[8], y en el Rodrigazo de 1975, dos sucesos que dejaron al descubierto la futilidad de las condiciones sociales sobre las que se firmó el Pacto Social en 1973 entre los sectores empresariales, la burocracia sindical y el gobierno de turno, antesala del tercer peronismo.
En la década del 70 es posible trazar dos denominadores comunes relativos a la solidez de la organización de los trabajadores y la violenta reacción de las conducciones empresariales. Quienes empezaron a sistematizar mecanismos coercitivos al abrigo de grupos paramilitares y militares como fuerzas de control y disciplinamiento laboral.

El desarrollo político alcanzado por la Coordinadora Interfabril se exhibió en los enfrentamientos de junio y julio de 1975 en contra de las medidas del Ministro de Economía de Isabel Martínez, Celestino Rodrigo, que negaba la homologación de los convenios colectivos y la subsecuente opción de negociar la recuperación del poder adquisitivo salarial. Un desafío a la conducción peronista de los sindicatos como parte de la pelea contra el Pacto Social y por las paritarias de 1975.

En principio las movilizaciones comenzaron localmente, para después desembocar en huelgas nacionales que lograron la renuncia de Celestino Rodrigo y la fuga a España como “embajador itinerante” de López Rega, responsable de la Alianza Anticomunista Argentina.

En la Ford las asambleas obreras se opusieron al aumento pactado por la directiva, iniciando una huelga y movilización por la Autopista Panamericana. Los obreros organizados exigían el mejoramiento de las condiciones de trabajo ya que como cuenta Pedro Trioiani, exdelegado de la automotriz “los Falcon se vendían como caramelo. Nosotros tomábamos la velocidad de las líneas y eso a Ford le molestaba. Ford quería producir, producir y producir. Eso era un matadero”[9]. Los directivos de la Ford, el SMATA y el gobierno declararon de inmediato ilegal la huelga, por lo cual decidieron despedir a 300 trabajadores. Tanto la Comisión Interna como los delegados y activistas de la planta en General Pacheco, asumieron un papel protagónico en la Coordinadora Interfabril que a su vez sirvió de plataforma para la construcción y consolidación de una dirección sindical independiente. 

“Milagros no hay”[10] El caso Mercedes-Benz

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La represión no se hizo esperar. En el caso de la huelga de Merces-Benz en González Catán, al ser intervenida la Comisión Interna por la burocracia del SMATA, la negociaciones salariales entre los operarios y la empresa se llevaron a cabo por medio de delegados elegidos en asamblea, “la comisión de los 9”. Indignada, la burocracia sindical acusó a la Mercedes de auspiciar la sedición de los rebeldes en sus instalaciones. Años después gracias a la investigación de la periodista alemana Gaby Weber, se conocerá el acuerdo entre la empresa, el Ministro de Trabajo Carlos Ruckauf y José Rodríguez (SMATA), para despedir a los 115 trabajadores que impulsaban los reclamos. 14 de ellos desaparecidos durante la dictadura militar[11]. En la firma de este siniestro, la empresa se comprometía a pagar el 1% de sus dividendos totales para “erradicar los factores negativos que perturbaban el normal desenvolvimiento de la actividad laboral y empresarial”.

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En la foto de izquierda a derecha: Rafael Videla y Carlos Ruckauf. Tomado de Página/12 en http://www.pagina12.com.ar/diario/espectaculos/6-22131-2003-07-02.html

Si bien éste es el punto inicial de la cooperación entre la patronal y la represión de la ultra-derecha peronista[12], es sólo el principio de una serie de relaciones que se transpolarían linealmente al golpe militar del 76 en cuantiosos apoyos económicos, dejando tras sí numerosas víctimas; una inversión somera si se tiene en cuenta que la multinacional en este periodo aumentó el 30%  de sus ganancias con la “pacificación laboral”. Como lo señaló Pagina/12 durante el cubrimiento de los juicios por la Verdad en el 2002, donde fue llamado a declarar el exgerente de Mercedes-Benz, Rubén Cuevas, éste “reconoció algunos hechos que demuestran que la empresa cooperó con los militares. Aseguró, por ejemplo, que Mercedes-Benz donó equipamiento neonatológico al hospital militar de Campo de Mayo, donde nacieron niños en cautiverio que fueron apropiados y cuyas madres fueron asesinadas. También admitió que durante el Mundial de 1978 “la firma cedió al Comité organizador 25 ómnibus y 55 autos para el traslado de las delegaciones”[13].

 

Ford Motors Argentina y el golpe militar

1A partir del golpe militar iniciado el 24 de marzo de 1976, se sistematizaron las acciones represivas que con anterioridad habían sido implementadas por la Triple A. La dictadura puso en marcha un plan de exterminio a opositores políticos y gremiales mediante el encarcelamiento, las torturas, las desapariciones y la muerte[14]. La represión y eliminación sistemática de todo un sector del movimiento obrero tuvo el principal apoyo del sector patronal[15].

Entre marzo y mayo de 1976, hubo 25 delegados de la Ford secuestrados de los cuales dos fueron torturados. Todos pertenecían a la Comisión Interna que se encontraba conformada por 200 operarios, en una planta con alrededor de 5.000 obreros. Los 25 trabajadores estuvieron técnicamente desaparecidos de 30 a 60 días. La mitad de ellos fue secuestrada en sus casas y llevada a la comisaría de Tigre y Devoto, dispuestas como centros clandestinos, mientras que la otra mitad fue detenida directamente en la planta de General Pacheco, para luego ser <<legalizadas>>, permaneciendo generalmente como detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional durante varios periodos.

Sobre los episodios de tortura y la impunidad latente, cuenta Perotta, un trabajador sobreviviente, que “lo desnudaban y lo amarraban a una especie de catre de hierro y le colocaban un anillo en el dedo del pie. Luego lo mojaban con agua y le aplicaban descargas eléctricas en los genitales, en el pecho y en la boca”. En su declaración, recordó que “le aplicaron dicho método alrededor de cuatro o cinco sesiones”. El responsable de los vejámenes fue el jefe de seguridad de la planta de Pacheco -un militar contratado como todo el personal a su mando- Francisco Sibilla. La Embajada de Estados Unidos hizo honor a sus méritos. Luego de su paso por Ford, Sibilla quedó contratado como personal de seguridad de la sede diplomática en un cargo que ocupó hasta 2004[16].

En la investigación realizada por Victoria Basualdo se estable con coherencia la relación entre la empresa y las fuerzas militares para el caso de la Ford. “Por un lado, trabajadores secuestrados testimonian que sus detenciones se efectuaron en camionetas F100 que eran proporcionadas a las fuerzas represivas por la empresa. Por otro lado, existen numerosos testimonios que indican que, lejos de limitarse a apoyar a las fuerzas represivas, la empresa reclamó el secuestro de trabajadores y delegados gremiales a las fuerzas armadas. Una de las esposas de los secuestrados, Arcelia Luján de Portillo, indicó en su declaración judicial que en su entrevista con un militar responsable de los secuestros, de apellido Molinari, éste “sacó de un cajón una lista en un papel tipo oficio con el logotipo de Ford, manifestándome: “Acá están todos los nombres que nos dio la empresa con los trabajadores que queríamos que chupáramos”. Diversos testimonios indican que el “marcado” por parte de la empresa de quiénes debían ser secuestrados no sólo se realizó mediante la lista mencionada, sino también a partir de los carnets con las fotos personales de los trabajadores, que fueron entregados a los militares con el objeto de que los utilizaran para la correcta identificación de sus detenidos.”[17]

La participación de la empresa en el proceso represivo no se restringió a proveer apoyo logístico ni a demandar la detención de algunos de sus propios trabajadores, sino que, al igual que en Acindar, alcanzó su máximo nivel: está probado que las fuerzas militares instalaron en el campo de deportes de la planta de Pacheco una dependencia militar donde funcionó un centro clandestino de detención después de las “demostraciones de descontento”  por parte de los trabajadores de la automotriz durante los días 7 y 11 de septiembre[18]. En el mismo fueron recluidos algunos de los delegados gremiales secuestrados dentro de la fábrica por ciertos períodos de tiempo.

Desde entonces la intimidación al interior de la empresa se hizo pan de cada día. No faltaron los telegramas de cesantías y la presencia de efectivos militares. Como ya se dijo se radicó en el campo de deportes del centro fabril una guarnición del Primer Cuerpo del Ejército. Recuerda uno de los obreros que los supervisores –retirados del Ejército, la Marina o la Aeronáutica- impuestos por la empresa se llenaron las arcas con materiales de importación declarados “inservibles”.[19] La presencia militar infirió en el proceso productivo de manera constante; sobrevolaban helicópteros, se revisaban los bolsos, los trabajadores eran sometidos a requisas y golpizas. La negativa a cumplir horas extras los sábados o domingos podía ser motivo de despedida bajo la acusación de “perjudicar la producción” y de “terrorismo”[20] amparados por la Ley de Prescindibilidad.

“El Falcón verde que usabas para pasear; pasó de moda no existe más”[21]: a modo de conclusión

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Intervención en la planta de Ford en General Pacheco

Pese a la represión, las movilizaciones y métodos de resistencia que se desarrollaron a partir del golpe al interior de empresas como la Ford, Acindar, Permet, Mercedes-Benz, entre otras, se diversificaron de tal manera que impidieron los cambios en la estructura productiva propuesta por el “proceso” infiriendo en el derrocamiento de la dictadura. Como lo anota Schneider: los conflictos laborales se caracterizaron –en el plano económico- por ser “defensivos y reivindicativos”. En adelante los actos de sabotaje incluyeron el trabajo a desgano, e incluso resistencias como la “huelga de la sopa”. También mediante actos individuales que incluían romper las maquinarias, dejar las llaves al interior de los autos terminados, por lo que había que romper las cerraduras y frenar la línea de producción. Se gestaron formas organizativas alternas como las Comisiones Internas de hecho en el año 77 que gestionaba paros sorpresivos,  de escasa duración e incluso el quite de colaboración a la empresa. La concurrencia solidaria se puede ver en el empleo de eventos sociales que no resultaran sospechosos ante las autoridades como la convocatoria al Fútbol o los asados de fines de semana, para discutir las acciones a seguir frente a los despidos arbitrarios, las detenciones, entre otras medidas.

El cambio en las estrategias de presión durante el año 80 desmiente la hipótesis de acallamiento del movimiento obrero, la intensión última de la dictadura. El contenido de lucha pasó del reclamo salarial a la defensa de la fuente de trabajo y los pedidos de reincorporaciones ante el cierre de numerosos establecimientos fabriles, producto de la política aperturista de Martínez de Hoz que destruyó en buena medida parte del tejido productivo nacional.

De esta forma, se puede afirmar que pese a los secuestros, torturas y desapariciones, el movimiento obrero lejos de ser diezmado, continúo generando acciones que torpedearon al régimen portador de muerte y se opusieron las fuerzas reestructuradoras del capital en Argentina. Aquel terrible pasado, sin embargo,  no puede hoy dejarnos tranquilos ni tranquilas a quienes sentimos la solidaridad con los sectores populares como parte integral de nuestra formación humanista, pues generó mediante el terror las condiciones necesarias para la desestructuración laboral que viviría el país en los años 90, dejando profundas huellas en la historia del tiempo presente.

El trabajo realizado tuvo la intensión de reivindicar las tradiciones de lucha al interior del sector metal-mecánico, poniendo el acento en el mayor reto que afrontaron los trabajadores durante la última dictadura militar en el marco sangriento de la confrontación capital-trabajo sobre la que se configuró un quehacer disciplinador- a la postre al servicio del neoliberalismo y la violencia del dinero-, sin dejar de lado los prolegómenos que encubaron el genocidio dentro y fuera de sus espacios laborales. A los mecanismos de coacción que impusieron un “orden laboral” para aumentar la productividad mediante la explotación, los obreros respondieron con la solidaria creatividad de quien se siente llamado a resistir con la existencia misma, dejando registros múltiples que hoy nos permiten apelar a la memoria y, sin pestañear al ver un Falcon bajo ese cielo azul que gobierna en las calzadas del territorio argentino, recordar que pese a ser un símbolo del terrorismo de Estado, en las manos de los obreros que hicieron posible la circulación del Falcon germinó la defensa por una vida digna.

REFERENCIAS

Historia de la Industria Automotriz Argentina, Asociación de Fábricas de Automotores, Buenos Aires, Argentina, 2010. Tomado de: http://www.adefa.com.ar/v2/images/stories/adefa_libro_historia/
-Hernan Camarero, Alberto Pozzi, Alejandro Schneider “De la Revolución Libertadora al Menemismo”, ed. Imago Mundi, Buenos Aires, 2000.

-Claudia Figari, Paula Lenguita, Juan Montes Cató “El movimiento obrero en disputa. La organización colectiva de los trabajadores, su lucha y resistencia en la Argentina del siglo XX”. Ed CICCUS, Buenos Aires, 2010.

-Alejandro Horowicz “Las dictaduras argentinas”, ad. Edhasa, Buenos Aires, 2012.

-Eduardo Basualdo “La reestructuración de la economía argentina durante las últimas décadas de la sustitución de importaciones a la valorización financiera”. En publicación: Neoliberalismo y sectores dominantes. Tendencias globales y experiencias nacionales. Basualdo, Eduardo M.; Arceo, Enrique. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires. Agosto 2006. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/grupos/basua/C04Basualdo.pdf

-Victoria Basualdo “Complicidad patronal-militar en la última dictadura argentina:

Los casos de Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz” Revista Engranajes de la Federación de Trabajadores de la Industria y Afines (FETIA), Número 5 (edición especial), marzo 2006

– Sabrina Yael Ríos “El movimiento obrero durante la última dictadura militar, 1976-1983” Universidad Nacional de Gral. Sarmiento.

-Informe CONADEP, Nunca Más, ed. EUDEBA disponible en: http://www.desaparecidos.org/arg/conadep/nuncamas/379.html

-“Buenos muchachos” (la historia negra de la burocracia del SMATA), 05 junio del 2014, en  http://www.pts.org.ar/Buenos-muchachos-la-historia-negra-de-la-burocracia-del-SMATA.

– Marcos Schiavi “Ser o no ser Clase obrera y gobierno peronista: el caso de la huelga metalúrgica de 1954”, Revista Theomai, 2008. Disponible en http://www.revista-theomai.unq.edu.ar/numero18/Schiavi.pdf

-Gustavo Pisarello “Cómo y por qué fue derrocado Frondizi”, ed. Biblos, Buenos Aires, 1996.

– Revista Izquierdas, vol. 3, núm. 8, “La burocracia peronista. El sindicato automotriz argentino ante el auge de la lucha de clases. 1969-1976” diciembre, 2010, pp. 1-19 Universidad de Santiago de Chile Santiago, Chile.

-Gaby Weber, “Documental Milagros No Hay. Los desaparecidos de Mercedes-Benz” (2013) en: https://www.youtube.com/watch?v=m8TOIS0lClE

-Página/12 “Aquel infierno de Mercedes-Benz” 2 de julio de 2003. Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/espectaculos/6-22131-2003-07-02.html

-Página/12 “La memoria de Mercedes-Benz” 10 de abril de 2002. Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-3822-2002-04-10.html

-Página/12 “Ford Falcon, modelo 76” 26 de febrero de 2006. Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-63617-2006-02-26.html

[1]Buenos Muchachos. La historia negra de la burocracia del SMATA”, art. PTS, 5 de junio del 2014. Tomado de: http://www.pts.org.ar/Buenos-muchachos-la-historia-negra-de-la-burocracia-del-SMATA

[2] Revista THEOMAI, Segundo semestre, 2010, Montes Cató, “El lugar de trabajo como espacio de resistencia a las políticas neoliberales. Reflexiones a partir de las experiencias de los trabajadores telefónicos y del subte”. Tomado de: http://revista-theomai.unq.edu.ar/NUMERO%2022/Art_Ventrici-Cat%C3%B3.pdf

[3] Revista THEOMAI, no. 18, 2008, Marcos Schiavi, “Ser o no ser Clase obrera y gobierno peronista: el caso de la huelga metalúrgica de 1954” Tomado de: http://revista-theomai.unq.edu.ar/numero18/Schiavi.pdf

[4] Para profundizar sobre la relación entre Frondizi y la Ford mirar Dardo Cúneo en “Cómo y por qué fue derrocado Frondizi” en https://books.google.com.ar/books?id=dXKKZZ25CNcC&pg=PA123&lpg=PA123&dq=FRONDIZI+FORD&source=bl&ots=Hg_U8EfdxL&sig=mn7uiQZbhSoh7rPCo36VsVOwqyE&hl=es&sa=X&ei=04IYVenpD43lsATyt4LwCw&ved=0CDAQ6AEwBg#v=onepage&q=FRONDIZI%20FORD&f=false

[5] Para entender los altos márgenes de movilización social, es menester tener presente los episodios del 29 de julio de 1966, conocido como La Noche de los Bastones Largos, donde fueron reprimidos profesores y estudiantes de las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales, y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

[6] Kloosterman al igual que Vandor, será ajusticiado por las organizaciones armadas en confrontación con la ultraderecha peronista.

[7] Revista Izquierdas, vol. 3, núm. 8, diciembre, 2010, pp. 1-19 , Universidad Santiago de Chile. Harani Lanina, “La burocracia peronista. El sindicato automotriz argentino ante el auge de la lucha de clases. 1969- 1976” Ver: http://www.redalyc.org/pdf/3601/360133448003.pdf

[8] Revista Engranajes, no. 5, marzo de 2006. Victoria Basualdo, “Complicidad patronal-militar en la última dictadura argentina: Los casos de Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz” Tomado de http://www.comisionporlamemoria.org/investigacionyensenanza/pdf_biblioteca/Basualdo-%20Complicidad%20patronal-militar.pdf.
El movimiento que empezó a gestarse al interior de la siderúrgica Acindar, cuyo titular en los años inmediatamente previos al golpe de Estado del 76 fuera José Alfredo Martínez de Hoz, tuvo por bandera la democratización sindical, contra la burocracia y la Ley de Asociaciones Profesionales, en contra del congelamiento salarial y la Ley de Prescindibilidad. Valga recordar en la represión del movimiento se instaló el primer centro clandestino de desaparición forzada previo al golpe militar con la complicidad de la Triple A.

[9] Testimonio tomado de http://www.pts.org.ar/Buenos-muchachos-la-historia-negra-de-la-burocracia-del-SMATA

[10] Anota en su documental Gaby Weber que esta fue la respuesta del Gerente de Mercedes-Benz al ser cuestionado por el aumento del 30% en la productividad y la relación con la “pacificación laboral” emprendida por la dictadura “Y… mirá. Milagros no hay”, declaró con cinismo el empresario.

[11] Para mayor información ver documental de Gaby Weber, “Milagros No Hay. Los desaparecidos de Mercedes Benz” (2013) en: https://www.youtube.com/watch?v=m8TOIS0lClE

[12] En la foto de izquierda a derecha: Rafael Videla y Carlos Ruckauf. Tomado de Página/12 en http://www.pagina12.com.ar/diario/espectaculos/6-22131-2003-07-02.html

[13] Tomado de Página/12 en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-3822-2002-04-10.html

[14] Los móviles económicos de la represión según la dictadura versaban en torno a los bajos niveles de productividad y el estancamiento producto de una mano de obra ociosa y sediciosa. No obstante, habría que recordar que entre marzo y noviembre de 1975, el sector rural, para poner un ejemplo, realizó cuatro lock-out. En los primeros meses del año siguiente la mayoría de los productores estancieros adhirieron al paro promovido por Apege, organización que concentraba a gran parte de las entidades empresariales quienes a posteriori pasaron a ser funcionarios de la dictadura.

[15] Un intento de síntesis de la relación entre patronal y política represiva durante el “proceso” es llevado a cabo por Victoria Basualdo, que analiza los casos de las empresas Dálmine-Siderca, Ford, Mercedes-Benz, Ledesma, Astarsa y Acindar y la vinculación de éstas con el accionar represivo entre 1976 y 1983

[16] Página/12 “Ford Falcon, modelo 76” Ed. 26 de febrero de 2006. En : http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-63617-2006-02-26.html

[17]Ibid, pg. 21

[18] Movilización simultánea entre diferentes fábricas de la zona norte del Gran Buenos Aires, como General Motors, Chrysler, Mercedes-Benz y Fiat, que a su vez motivaría la sanción de la Ley 21.400 de Seguridad Industrial.

[19] Schneider, Alejandro. (2000). “Ladran Sancho…” Dictadura y clase obrera en la zona norte del Gran Buenos Aires. En: Camarero, Hernán; Pozzi, Pablo; Schneider, Alejandro. (Comps.). De la Revolución Libertadora al Menemismo. Historia social y política argentina. Buenos Aires: Imago Mundi.

[20] Ibid, pg. 217

[21] Fragmento Fantasmas de Charly García

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